domingo, 23 de diciembre de 2012

Algo sobre el amor que compartir con ustedes...

Este interesantisimo artículo lo tomé del diario "La Tercera."

Créditos a su autora Jennifer Abate C.

LOS HOMBRES no se comprometen y las mujeres se preocupan demasiado de detalles “tontos”, como las flores o los cumplidos ¿Ha escuchado estos reclamos de lado y lado? Lo más probable es que sí, pero que sus bisabuelos, jamás. Porque si una cosa está clara es que estos y muchos otros comentarios del tipo son sólo de nuestra era.

Así lo plantea en su nuevo libro (Por qué el amor duele) la socióloga de la Universidad Hebrea en Jerusalén Eva Illouz: gracias a factores como el culto a la individualidad, internet y la aparición de lo que hoy conocemos como “mercado de las relaciones de pareja”, donde todos competimos por nuestra validación, ya queda muy poco de lo que distinguió a las relaciones sentimentales del siglo XIX e incluso del XX. Peor: hoy resulta bastante más difícil mantener con éxito una relación sentimental. La misma diversidad, el empeño por validarnos, nuestra necesidad de sentirnos “especiales”, son parte de los factores que están influyendo en esta nueva realidad.

Porque por estos días nos pesa el tema de la diversidad... O más bien, la diversidad nos está complicando las cosas. Hoy tenemos muchas más posibilidades de conocer a alguien porque nuestros círculos sociales son mucho más amplios (colegio, la universidad, el trabajo y las redes sociales en internet), pero a pesar de que -en teoría- esto podría darnos una ventaja sin precedentes, en la realidad es diferente.

Según Illouz, cuando nos enfrentamos a tantas posibilidades, terminamos por marearnos y no elegir nada, ya que tratamos de mantener -incluso en el “mercado romántico”- las lógicas del económico, o sea, privilegiamos la libertad de seguir eligiendo por sobre todo lo demás. Tanto es así, que el mercado romántico se ha convertido en la típica imagen de un supermercado un domingo en la mañana: lleno de degustaciones atractivas para el cliente, que las prueba todas y, finalmente, no se convence de ninguna.

Esto es lo que nos está comenzando a causar incomodidad y, en casos más extremos, desesperación entre las mujeres. De acuerdo a Illouz, principalmente son ellas las que no han cambiado el switch hacia la modernidad y siguen esperando compromiso, mientras que los hombres van detrás de otras cosas que, de paso, no necesitan justamente de tanto compromiso.

En una entrevista con la revista Salon, la especialista explica que la falta de ganas de comprometerse entre los hombres tiene una lógica muy clara: hoy existe un modelo muy diferente de masculinidad. “En la era premoderna los hombres y las mujeres estaban interesados en el matrimonio y la familia, porque a través de ellos podían asegurar su supervivencia económica y aumentar su fortuna”. En ese tiempo, “un hombre propagaba su nombre y su patriarcado teniendo poder sobre la mujer, los sirvientes y los hijos. Eso era lo que constituía a un hombre”.

Hoy, en cambio, no necesitan ese tipo de demostraciones. “Por el contrario, lo que define la masculinidad es trabajar fuera de la casa, controlar a la gente en una organización y tener dinero. Lo que se ha convertido en un signo de masculinidad es el poder social, relacionado crecientemente con la cantidad de poder sexual que puedan desplegar con las mujeres”.

Y para empeorar las cosas, a todo esto se suma nuestra reciente necesidad por sentirnos “especiales”.

El culto a la autoestima

¿Se ha fijado cuántos manuales y libros de sicología existen hoy sobre el valor de la autoestima? Este concepto, tan propio de nuestros días, es otro de los enormes cambios que han marcado las relaciones de pareja y que está dificultando las cosas. De un momento a otro, todos necesitamos sentirnos “especiales” y “únicos” entre la multitud. Y en esos términos, es la pareja quien más refuerza nuestro valor dentro de la sociedad.

Esto tiene que ver con la lógica del “mercado romántico”. Hoy parece tan difícil formar un compromiso con alguien, que cuando lo logramos, sentimos que nos hemos validado frente a los demás, porque hemos salido victoriosos en una dura competencia. Pero no para ahí. Cuando ya estamos en pareja, exigimos seguir sintiéndonos especiales todo el tiempo, a través de regalos, llamadas y comentarios.

“Creo que esa es una de las razones de por qué el amor romántico se ha vuelto tan crucial; se ha convertido en uno de los lugares donde puedes afirmar tu valor. ¿Por qué? Porque has sido seleccionado por alguien. Cuando alguien te ama, de cierta forma has ganado la competencia por sobre todos los demás en una sociedad que está basada en la competencia constante”.

Esa sería la razón de las actuales tormentas al interior de las relaciones cuando alguno de los dos no se siente “valorado” las 24 horas, los siete días de la semana. ¿Le suena conocida la escena? Probablemente, pero esto no siempre fue así.

En 1897 se publicaron dos libros con recomendaciones para el cortejo. Uno era Modales para hombres y el otro, Modales para mujeres. El primero indicaba la forma en que ellos debían caminar al lado de una mujer en la calle, si podían ofrecerle una sombrilla a una que no les había sido presentada o si podían fumar o no delante de ellas. El segundo explicaba cómo las mujeres debían reír de forma no muy escandalosa, la forma de andar elegantemente en bicicleta y qué vinos y comidas debían servir en una recepción. Detrás de la conservación de estos modales, explica Illouz en su libro, hay una lógica irrefutable: la gente solía tener un determinado valor, dependiendo de la posición social que ocupaba. La observación de dichos modales era una forma de respeto a ese valor intrínseco de las personas, más allá de su personalidad o rasgos particulares.

Por eso, explica Illouz -que estudió las mecánicas del cortejo a través de las novelas de Jane Austen-, hasta entrado el siglo XX no existían palabras como “validación” o “inseguridad” a la hora de enfrentar las relaciones de pareja. Y pone ejemplos. En una entrevista con The Guardian, Illouz se pregunta, hablando de la conocida película Orgullo y prejuicio: “¿Por qué Elizabeth Bennet acepta los comentarios sobre su apariencia de parte de Darcy (‘Ella es tolerable, pero no es lo suficientemente atractiva como para tentarme’) sin abatimiento o alguna sensación de humillación, sino que con ingenio y espíritu? Porque su desprecio no cambia el sentido de sí misma ni de su valor”. Hoy, por el contrario, si alguien nos rechaza, no es por nuestra posición o dinero, sino porque nuestras propias características no le resultan meritorias, lo que nos sume en una profunda tristeza.

Tremendas palabras... Espero las disfruten y sirvan de algo.